La última luz del día

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La última luz del día asoma como cada tarde. Es éste, precisamente, mi momento favorito, cuando el rayo acaricia la palmera que se encuentra frente a la ventana.

El sol tiñe de color dorado los frutos de la palmera y añade un contraste único al paisaje, que por detrás amenaza con una inminente tormenta. Luces y claros. Claridad y oscuridad. Dualidad. Uno no puede existir sin el otro.

Es en estos momentos cuando siento una conexión con el Universo. Un momento de paz y silencio en una mente que no deja de pensar y preocuparse por cosas que, de seguro, en un futuro serán irrelevantes y casi hasta irrisorias. Pero así son los flujos de la vida.

Por ello me gusta mirar por la ventana. Sentarme y mirar. Evadirme y disfrutar de lo que tengo ante mí. Pequeños momentos que me regala el Universo para recordarme que soy parte de él.

La última luz del día ya se oculta para dar la bienvenida al crepúsculo. Y por hoy, diré adiós a mis momentos vespertinos frente a la ventana.

Hasta mañana luz. Vuelve a iluminar la palmera frente a la ventana.

 

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